Four roses

Posted: abril 13, 2012 in Uncategorized

Llevaba meses sin escribir un maldito relato decente. Ni siquiera conseguía encajar cuatro frases con sentido. Por más que me sentaba delante de la máquina de escribir las palabras no salían. Estaba seco de ideas.

No escribía casi el mismo tiempo que llevaba sin probar el alcohol. Al menos que yo recordara. Los médicos siempre me habían prohibido que bebiera tanto. Nunca les hacía caso. Hasta el día que me dijeron que si tomaba un par de copas más moriría.

No temo a la muerte, pero Sara, mi mujer, me hizo prometer que no volvería a beber. No quería perderme y quedarse sola.

A medida que pasaban los días, la inspiración iba desapareciendo. Cada vez mis relatos eran más malos e incoherentes. Progresivamente perdían su chispa y genialidad.

Recuerdo cuando era joven. Cuando cada noche de fiesta era un relato en si. Salía siempre después de cenar, tomaba unas cuantas copas y las historias se presentaban solas. Al día siguiente, después de despertar en casa de alguna desconocida, o sólo dentro de mi coche, volvía a casa arrastrando la resaca. Tomaba algo para desayunar, café con tostadas normalmente y me sentaba frente a la máquina de escribir durante horas.

Cuando encontré a Sara, mi actual mujer, tuve que dejar de ir a casa de desconocidas. No me importaba, al principio salíamos los dos juntos de fiesta y nos metíamos en líos. Años después Sara dejo de acompañarme, se cansó de salir todas las noches e ir con resaca al trabajo. De todas formas, no me importaba, salía sólo, me metía en los mismo líos y conocía a gente nueva casi todas las noches. Por las mañanas siempre seguía el ritual de cafe, tostadas y máquina de escribir.

Todo se torció el día que al despertar tuve que ir corriendo al baño para vomitar. Nunca me había pasado pero no le di importancia. Como todo, lo atribuí a la edad, empezaba a hacerme mayor y no tenía el aguante de un veinteañero.

Días después me volvió a pasar lo mismo, nada más despertar tuve que correr al baño para no dejar el suelo perdido de vómito. Sara empezó a preocuparse. Me decía que fuera al médico, que tenía mala cara. No le hice caso. Desde entonces siempre discutíamos por lo mismo.

Al poco tiempo, la escena de estar arrodillado frente al baño vomitando, empezó a volverse repetitiva, casi diaria. No sólo por las mañanas al despertar, si no muchas veces después de comer también me pasaba.

Finalmente, con tal de no escuchar a Sara reñirme fui al médico. El doctor dijo algo relativo a tener el interior hecho mierda y que si seguía bebiendo con tanta frecuencia moriría.

Estaba dos semanas sin beber y los vómitos desaparecieron. Al igual que mi genialidad. En ese momento le echaba la culpa a la depresión por no poder salir y sentirme enfermo.

Al ver que los síntomas desaparecían volví a beber. Primero sólo un par de copas después de cenar. Pero poco a poco volví a las andadas. Los vómitos habían desaparecido. Volvía a estar inspirado y volvía a escribir.

Conseguí terminar mi última novela justo antes de que volvieran los síntomas. Pero esta vez fue a peor. Al volver a casa una noche, me desmayé en la entrada de casa.

Dos días después me desperté en el Hospital General. Sara me había encontrado tumbado en el suelo rodeado de mi propio vómito. Me contó que vino una ambulancia, que despertó a todo el vecindario y me llevó al hospital. Durante dos días estuve inconsciente y los médicos no sabían si viviría.

En el hospital, antes de recibir el alta, el doctor insistió en que dejara definitivamente la bebida. La próxima vez podría no tener tanta suerte.

Desde entonces no he tomado ninguna copa y definitivamente había dejado de escribir. Sara intentaba animarme pero sólo conseguía enfadarme. Siempre discutíamos por lo mismo. La mayoría de las veces descargaba mi frustración sobre ella.

Algunos días, después de horas discutiendo, ella o yo terminábamos yéndonos a casa de algún amigo o amiga hasta que las cosas se calmaran. Siempre acabábamos volviendo y disculpándonos.

La última discusión, hace poco menos de una hora, terminó con Sara gritándome desde la puerta de casa, mientras salía hacía casa de su amiga Amanda. Dejar de ser un mismo no es fácil y resulta frustrante. Dejar de lado, el alcohol, las fiestas, todo lo que me hizo ser lo que era. Sin escribir era un inútil que no sabía vivir en el mundo real.

Después de pensarlo durante unos instantes. Fui al estudio, aparté unos tomos de la enciclopedia y saqué la botella de four roses que guardaba para las emergencias. Me serví una copa y dejé la botella junto a la máquina de escribir y me senté. Si tengo que morir que sea haciendo lo que me hace sentir vivo.

soñar y despertar

Posted: marzo 25, 2012 in Uncategorized

Anoche soñé que dormias a mí lado

Por la  mañana despertaba y te preparaba el desayuno,

café con tostadas y un zumo de naranja recién exprimido.

Luego volvíamos a la cama y dejábamos pasar la mañana.

Al despertar no estabas a mí lado,

pero el aroma a café era la señal.

Hoy eras tu quien preparaba el desayuno.

A contratiempo

Posted: marzo 24, 2012 in Uncategorized

I

Mis compañeros de la banda habían salido a toda prisa hacía el hospital. Mike no paraba de sangrar por todos los orificios de su cara. Habríamos podido continuar el concierto sin el, pero el resto del grupo prefirió irse y llevarlo personalmente al hospital. Además, no creo que tuvieran demasiado interés en quedarse conmigo, sobretodo después de que yo  le hubiera reventado la cara a Mike.

Me encontraba sentado en el back stage tomando una copa y apurando el último cigarro que me quedaba. Fuera, en la sala, la fiesta seguía como si nada hubiera pasado. Mientras bebía sentado en el back stage pensaba en las consecuencias de haber reventado la cara de Mike. Sería seguro que mis compañeros me echarían del grupo por haberle zumbado.

En el fondo me daba igual. El grupo empezaba a cansarme y ya iba siendo hora de buscar otros objetivos. En cierta manera, destrozar la cara del cantante es una buena carta de despido y seguro que dará que hablar durante un buen tiempo. Permanecí sentado ahí sentado hasta que uno de los camareros entró y me dijo – Es hora de que te vayas.-

Terminé la copa, me levanté, cogí mis cosas y salí del Back Stage.

II

Nada más salir del back stage empezaron a sonar las ovaciones del público. Desde que habíamos cambiado de productor habíamos empezado a vender discos sin parar y todas las salas de conciertos del país nos ofrecía hacer conciertos.

Al fin, después de tantos años pelando, algo empezaba a funcionar. En el fondo ya empezaba a estar cansado de tocar siempre con el mismo grupo, pero ahora que empezábamos a triunfar valdría la pena aguantar un tiempo.

Una vez en encima del escenario, cogimos nuestros instrumentos. Pete se sentó detrás de su batería, James cogió su bajo, Mike se puso delante del micro y yo cogí mi guitarra. El escenario estaba a oscuras y esperamos a el momento en que todas las luces se encendieran al mismo tiempo para empezar a tocar.

El público estaba enloquecido, no paraban de empujarse unos a otros y cantar todos los temas. Entre el público estaban casi todos nuestros amigos. Aquellos que nos habían estado siguiendo desde que no éramos nadie y venían a vernos cuando tocábamos en antros de mala muerte.

Mientras tocábamos advertí que Mike concentraba la mirada en alguien de el público. Costaba distinguir a la gente y más aún descubrir a quien estaba mirando. Al principio no le di importancia y seguí tocando.

Seguimos tocando durante una hora y Mike seguía con la mirada concentrada en el público. Normalmente no suele hacerlo, reparte la mirada entre todos los espectadores o simplemente mira a al vacío.

En un principio pensé que lo que le pasaba a Mike debería ser cosa de todo el alcohol y drogas que nos habíamos metido antes de subir al escenario. Al ver que además de mirar también hacía muecas y gestos con la cara empecé mosquearme. Algo no cuadraba, así que decidí averiguar a quien miraba y hacía gestos con tanto interés.

Empecé a indagar entre el público, a ver quien podía ser. De pronto vi a Cindy mirando hacía Mike y parecía estar también haciéndole gestos. Durante varios instantes pensé que no podía ser cierto. Al comprobar y asegurarme que había un royo raro entre ellos, me saqué la guitarra, la cogí por el mástil y la usé como si fuera un bate de baseball contra la cara de Mike.

III

 Mike calló al suelo nada más entrar a la sala. Eso le pasa por no mirar por donde anda. Eran las cinco de la tardé. Acabábamos de llegar a la sala donde nos tocaba actuar por la noche y Mike se había quedado flipado viendo lo grande que era la sala y no se había dado cuenta de un desnivel que había en el suelo.

Nuestros técnicos empezaron a montar el escenario. Colocar la decoración. Los amplificadores. Mientras tanto. Nosotros cogimos nuestras cosas y fuimos al camerino. Mientras esperábamos que terminaran de preparar el escenario nos tomamos un par de copas y hablamos sobre el orden en que íbamos a tocar las canciones. Normalmente, los grupos serios suelen llevarlo preparado antes de llegar a la sala. Nosotros somos tan desastre que siempre acabamos ordenando el repertorio unas horas antes y en una servilleta.

Cuando el escenario estaba preparado nos llamaron para que probáramos el sonido. Nos situamos cada uno en nuestro lugar y uno por uno probamos los niveles de nuestros instrumentos. Cuando el técnico lo tenía empezamos a tocar una canción para ver que todo sonaba bien.

Mientras tocábamos las canciones de prueba, nuestros amigos llegaron al local. Ellos siempre llegan antes para darnos ánimos y tomarnos juntos unas copas. Entre ellos estaba Cindy, mi chica. Habíamos empezado a salir hacía unos pocos meses y aún estábamos en esa situación en que todo en la relación es bonito.

Cuando terminamos la prueba de sonido bajamos a saludar a nuestros amigos. Fuimos a la barra y empezamos a beber. No se porqué per Cindy parecía diferente, no se comportaba como de costumbre. Le pregunte si todo iba bien y ella me respondía que si, que estaba bien.  Al ver que seguía rara insistí y continué preguntándole. Durante un buen rato siguió negando que le pasara algo hasta que al final me dijo – Si que me pasa algo. Ya no quiero que sigamos juntos.-

Cuando me lo dijo que quedé un poco alucinado. No sabía muy bien porqué de repente no quiere estar conmigo. – ¿Esto a que viene? – le pregunte. – En estos momentos quiero estar sola. No es que me moleste estar contigo pero necesito estar sola.

No se si era el alcohol o que, pero empezaba a sentirme mal. Ayer Cindy y yo habíamos estado juntos y habíamos pasado una noche genial. Hoy de repente no quiere estar conmigo. Esto no me huele bien, aquí hay alguien que me está jodiendo.

No me jodas

Posted: marzo 20, 2012 in Uncategorized

Hacía semanas que Jaime no paraba de joderme. También sabía que intentaba ligar a mis espaldas con la chica que me gusta. Una noche salimos a tomar una copa, cuando estábamos en la barra y el camarero me dio mi copa, Jaime metió el dedo en el vaso, solo por joder. En ese momento me alegré de haber meado la puerta de su coche la noche anterior.

tenía que decirlo

Posted: febrero 14, 2012 in Uncategorized

Noruega. Esa zona del mundo y en especial ese país está empezando a cabrearme.

El tipo del traje oscuro

Posted: enero 27, 2012 in Uncategorized

Cómo de costumbre, todos los días, después de salir del trabajo voy al mismo bar. Me siento en la barra y me tomo una o dos cervezas y me relajo antes de volver a casa. Normalmente hablo un rato con el barman o con cualquiera que esté por ahí, más que nada para entretenerme.

En el bar estaban los mismos de siempre, cada uno sentado en su mesa habitual tomando sus cervezas. En la barra había un tipo que jamás había visto, o al menos, no recordaba haberlo visto. Era una persona joven, de unos veinticinco años más o menos, iba vestido de forma impecable con un traje de color azul marino oscuro, una camisa blanca y corbata a juego con la chaqueta.

Estaba sentado en la barra tomando una cerveza y a juzgar por su aspecto no era ni la primera ni la segunda que se tomaba esa tarde. Normalmente, cuando suelo sentarme a tomar mis cervezas en la barra, me gusta hablar con la gente que hay cerca, ya sea el barman o algún cliente.

Así que me senté al lado del tipo joven de traje y le salude. En ese momento se giró hacia mí y me miro con una cara extraña, luego miro a su alrededor, como asegurándose de que el saludo iba dirigido a el.

- ¿Un mal día en el trabajo?- le pregunté.

- Sí, se podría decir que llevo una mala temporada en el trabajo.- Me respondió el desconocido. – Son muchos años de mierda intentando sacar el trabajo adelante, pero todo el mundo parece cada día es más gilipollas y siempre prefieren irse con la competencia. ¡La competencia sólo ofrece mentiras y más mentiras!

En ese momento, el desconocido empezó a contarme su vida, como si llevara días sentado en la barra esperando que alguien le preguntase cómo le había ido el día. Esperando a que alguien le prestara atención para explotar y soltar todo lo que había estado acumulando durante años.

Leer el resto de esta entrada »

La fiesta

Posted: enero 11, 2012 in Uncategorized

Otro día cualquiera sentado frente al ordenador, intentando escribir algún articulo, relato, carta… Lo que sea. Llevo semanas sin poder escribir nada. Por un lado no me ha pasado nada interesante digno de contar y por otra parte mis musas se han tomado unas vacaciones indefinidas.

Enciendo la radio, busco por el dial y encuentro una emisora por la que están echando música jazz. Subo el volumen y escucho atentamente la música. Ya que mis musas no están, a ver si escuchando música puedo inspirarme un poco.

Pasa el rato y apenas he escrito una maldita frase. De pronto suena el timbre. Miró el reloj y veo que son las once de la noche. – ¿Quién será ha estas horas.- pienso. Voy a la puerta y abro. Al otro lado se encuentra Jaime, un amigo al que hacia mucho tiempo que no veía. -Hola Sam, ¿Como estás? Pasaba por el barrio y pensado en pasar a saludarte. ¿Tienes cerveza?

Voy a la cocina y saco un par de cervezas, le doy una a Jaime. Empezamos a beber y ha hablar. No hablamos de nada en particular. De como nos va la vida y a que nos dedicamos y recordamos batallitas de cuando éramos jóvenes

Vuelve a sonar el timbre. Voy a la puerta y ahí estaba Salva con su novia Maria. – ¿Qué pasa tío?- Me dijo Salva. – ¿Llegamos en mal momento? Pasábamos por aquí y hemos pensado que estaría bien visitarte y tomar una copa contigo. Salva y Maria llevaban consigo una botella jack daniels. Volví a la cocina a por vasos y hielo.

Leer el resto de esta entrada »